¿Cuál es la verdadera “herencia Funes”? | Mauricio Funes Sin Censura

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¿Cuál es la verdadera “herencia Funes”?

Hace unos días apareció en un medio escrito un artículo de opinión que llevaba como sugestivo título: Desmotando la herencia Funes.

El articulista responsable de este comentario señalaba, entre otras cosas, que la presencia de diferentes fuerzas políticas así como de una nutrida delegación empresarial en el reciente viaje a Washington que organizó el gobierno con autoridades de Estados Unidos y la Presidencia del BID, es un síntoma de que las cosas han comenzado a cambiar y que se está superando el clima de confrontación que predominó en la administración anterior.

Se decía por ejemplo, que dirigentes de líneas partidarias opuestas habían compartido mesa durante las reuniones y que por primera vez los empresarios acompañaban una delegación gubernamental, trasladando al exterior la imagen de que en nuestro país los problemas se pueden resolver si se suman todas las fuerzas políticas y sociales para trabajar por el mismo derrotero.

No es primera vez que leo o escucho comentarios de ese tipo. Y tampoco la trayectoria profesional o política del mencionado articulista es lo suficientemente importante como para ameritar una reacción frente a lo asegurado. Si lo hago es porque ese parece ser uno de los eslabones de una cadena de sesgos y mentiras a la que ha recurrido la derecha oligárquica en el país, para desprestigiar el gobierno que concluyó el pasado mes de Mayo, a fin de dañar el desempeño electoral del FMLN, en tanto fuerza política que hizo posible y acompañó en sus decisiones a la pasada gestión.

Quiénes vienen sosteniendo el argumento de que ahora ya no se respira el clima de confrontación del pasado, pasan por alto que la magnitud y fuerza de los cambios iniciados en el 2009 sólo podía mantenerse si se asumía desde el Ejecutivo una posición de debate abierto y defensa a ultranza de este proceso.

Desde el Ejecutivo no confrontamos con las gremiales empresariales o con la principal fuerza de oposición que era y sigue siendo el partido ARENA. Lo que hicimos fue defender nuestras acciones y decisiones y debatir abiertamente y con energía con nuestros adversarios, de modo de poner al descubierto los intereses que defendían, que no eran precisamente los intereses de las mayorías populares.

Siempre he sostenido que el proceso de cambios que iniciamos con el gobierno que arrancó en Junio del 2009 terminó con un sistema de privilegios que se había convertido en el “modus vivendi” de importantes grupos empresariales del país y que tenía en el partido ARENA, y el control que ejercía sobre la mayoría de instituciones de Estado, su principal instrumento de dominación.

Para decirlo en forma más clara: sin la ayuda del gobierno difícilmente estos grupos de poder habrían logrado su expansión y los altos niveles de rentabilidad que han acumulado hasta ahora.

No cabe duda que los cambios sociales que iniciamos y la reorientación del Estado que permitió atender las necesidades insatisfechas por décadas de las familias más pobres del país iban a enfrentar la más férrea oposición, sólo comparable a la que sufrió el gobierno del Presidente Duarte en la segunda mitad de los 80.

Acá no se trataba de “poner la otra mejilla”, como reza el pasaje bíblico. O poníamos todo nuestro capital político para empujar estos cambios y recurríamos al debate abierto para defenderlos, o simplemente, la derecha oligárquica abortaba un proceso que sólo era posible gracias a una clara visión de que el país tenía que superar la vulnerabilidad de una parte importante de la población para comenzar a salir del subdesarrollo.

Lo que la derecha califica como “confrontación” no es más que la única vía posible para hacer avanzar un proceso que no podía lograr mayores niveles de consenso en la medida que ponía en jaque un sistema de privilegios al que esta derecha estaba acostumbrada.

Fue esta derecha oligárquica, tanto empresarial como partidaria, la que confrontó con el gobierno en el entendido que de esa forma podía derrotar y echar atrás el nuevo rumbo del país que no compartía.

La llamada “herencia Funes” no es un estilo de gobierno que ellos definen en forma peyorativa como “confrontativo”.

Lejos de eso, la herencia del gobierno anterior consiste en un Sistema de Protección Social incluyente que ha favorecido a una cantidad cada vez mayor de salvadoreños y un ejercicio público diferente que permitió la reorientación del Estado, que desde el 2009 comenzó a tener como prioridad la reducción de la pobreza y de las desigualdades sociales.

Ese fue el propósito de las reformas fiscales: aumentar la carga tributaria que con el tiempo permitiría al Estado depender menos del financiamiento internacional para cubrir necesidades básicas como la salud, educación y vivienda. Buscamos contar con recursos suficientes para invertir en la modernización del aparato productivo de modo de ir sustituyendo progresivamente a las remesas familiares como dinamizadoras del crecimiento económico y el desarrollo social. Mejoramos además, la eficacia y capacidad de intervención del gobierno, sobre todo, en las áreas sociales, contratando a un número mayor de médicos, enfermeras, maestros y policías.

Programas sociales como Ciudad Mujer permitieron en el quinquenio anterior visibilizar y satisfacer los derechos de las mujeres, alcanzando más de un millón 200 mil servicios para cerca de medio millón de usuarias, en las cinco sedes inauguradas.

Por primera vez, ese grupo poblacional mayoritario como son las mujeres en El Salvador fueron consideradas sujetas de derecho y sus necesidades atendidas directamente por el Estado.

El programa de entrega gratuita de útiles escolares, calzado y uniformes a cerca de un millón 400 mil estudiantes de todo el país dignificó la vida de estos niños y niñas y les permitió una mayor permanencia en el sistema público de educación. Además, dinamizó la micro, pequeña y mediana empresa en la medida que estas oportunidades de nuevos emprendimientos no iban dirigidas a una pocas grandes empresas del país, como anteriormente ocurría. En cinco años se crearon unas 3,900 micro y pequeñas empresas bajo la cobija de este programa.

Con la alimentación escolar y el vaso de leche no sólo evitamos que nuestros niños siguieran asistiendo a la escuela con el estomago vacío, sino que dinamizamos la producción agrícola, sobre todo cerealera, y contribuímos a generar más empleo en el campo al reactivar al sector ganadero nacional.

La Reforma de Salud hizo posible que el acceso a servicios sanitarios no siguiera siendo exclusivo de grupos poblacionales con ingresos suficientes para pagarlos por cuenta propia. Es lógico que para quiénes pueden pagar servicios de salud en nosocomios privados o internacionales, este beneficio no merece su atención.

Dejamos funcionando 520 Equipos Comunitarios de Salud (ECOS), antes conocidos como unidades de salud, con los cuales logramos llegar hasta los lugares más recónditos del país, donde las mujeres no tenían ni siquiera acceso a controles de maternidad o vacunas para sus hijos. Esto permitió que se redujera la mortalidad materna en 18 puntos porcentuales y en un punto la mortalidad infantil.

Más de 32 mil adultos mayores de 86 municipios, que en su vida habían tenido acceso a una pensión y servicios de salud que aseguraran su vejez y mejoraran su calidad de vida, se vieron favorecidos con la entrega de la pensión básica universal.
Aunque a la derecha le cueste reconocerlo, cincuenta dólares mensuales puede ser la diferencia entre morir y vivir.

En definitiva, esta atención por parte del Estado a los sectores menos favorecidos del país constituye la herencia del gobierno Funes, que la derecha oligárquica invisibiliza y se opone en forma mezquina.

Bajo mi administración la pobreza disminuyó en 11 puntos porcentuales y la desigualdad entre la población más pobre y más rica se redujo en seis puntos. Casi 130 mil hogares vieron mejoradas en alguna forma sus condiciones de vida.

Más de 12 mil hogares de los cien municipios más pobres cuentan ahora con agua potable y una cantidad similar tiene también energía eléctrica. Quién solo abre un chorro desconociendo las implicaciones estructurales del mismo, puede ver el acceso al agua de manera errónea y no con la importancia que les significa a los que antes tenían que acceder al agua caminando grandes distancias.

Con el propósito de paliar la difícil situación familiar de muchos salvadoreños y salvadoreñas, se mantuvieron además los subsidios a la energía eléctrica, agua, gas y el transporte público de pasajeros.

En cinco años se construyeron 575 kilómetros de carreteras nuevas y completamente rehabilitadas. Además de las 550 obras de mitigación en zonas de alto riesgo. Los gobiernos areneros no se atrevieron a enfrentar el problema de las cárcavas en el país, nos lo heredaron. Sin evitar la responsabilidad, en mi gestión se inició una recuperación de suelos que se sigue desarrollando en el gobierno del presidente Sánchez Cerén.

Reconstruímos los Hospitales dañados por los terremotos del 2001 y aumentamos la compra de medicamentos e insumos médico-quirúrgicos, alcanzando un promedio nacional de más de un 90 por ciento de abastecimiento. No más medicamentos vencidos enterrados.

La medicinas se abarataron considerablemente con la creación de la Dirección Nacional de Medicamentos con su respectiva ley y con la focalización y cambio en la entrega del subsidio al gas favorecimos a un millón 200 mil hogares.

Cuando critican por oficio y votan en contra para que no se apruebe el Presupuesto del Ejercicio Fiscal 2015. Cuando se oponen a la aprobación de más préstamos para el financiamiento de los Programas Sociales y la modernización de la economía. Cuando viajan a Washington para pedirle al BID que no conceda más créditos al país. Cuando intentan por todos los medios posibles paralizar al gobierno y obstaculizar la gestión pública. Cuando sólo defienden los espacios de participación para los sectores empresariales e ignoran a los sindicatos y a las organizaciones de la sociedad civil al sabotear al Consejo Económico y Social (CES). Cuando sólo la mirada de la oligarquía es la única posible en la mayoría de Medios de Comunicación Social que están bajo su control. Cuando la transparencia que exigen sólo tiene que ver con el gobierno anterior y el actual, y pasan por alto los desvíos de fondos y la malversación de recursos públicos de los que son responsables gobiernos de ARENA, como ha quedado demostrado en el caso de la administración Flores. Cuando bloquean investigaciones de supuestos actos de corrupción de gobiernos pasados, como fue el mal uso de la Cooperación de China-Taiwan o la venta fraudulenta de las acciones de La Geo a la empresa italiana ENEL. Cuando no reconocen que por primera vez en el quinquenio anterior los trabajadores tuvieron puertas abiertas en Casa Presidencial. Cuando tampoco reconocen que se crearon mecanismos de negociación y concertación permanente que desmontaron conflictos laborales en el país, incluyendo algunos conflictos empresariales. Cuando no dimensionan que fue justamente la permanente búsqueda de consensos lo que hizo posible la elección de Fiscal General y Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, bajo los auspicios de la Presidencia de la República.

Cuando todo eso y más ocurre en el país, entonces uno se pregunta ¿quién confronta a quién? y si el debate abierto y la defensa de los cambios iniciados hace cinco años no es la mejor opción con la que contamos para evitar la involución de este proceso.

La “herencia Funes” no fue entregar al siguiente gobierno una sociedad polarizada. La Polarización tiene sus raíces en una estructura económica y social altamente concentrada e injusta y en un Estado desinteresado de los problemas y necesidades de la población, que más bien nosotros heredamos.

Nuestra herencia, les guste o no, fue la construcción de un sistema económico y social incluyente y una voluntad firme de defensa de los cambios iniciados en el 2009 que este gobierno debe profundizar.


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