La antipolítica, nueva estrategia electoral de la Derecha Oligárquica… | Mauricio Funes Sin Censura

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La antipolítica, nueva estrategia electoral de la Derecha Oligárquica…

De unos días para acá ha cobrado fuerza dentro de las candidaturas partidarias un concepto que aún no termina de definirse, pero con el que las fuerzas políticas de derecha, intentan atraer al electorado indeciso.

Es una especie de antinomia del ejercicio partidario tradicional que busca asemejarse a una conducta independiente pero, en el fondo, atada a la visión ideológica que caracteriza a la derecha oligárquica en el país.

Es una mutación que le han recomendado desarrollar a la derecha sus asesores y que en esta elección del 2015 ya comenzó a ponerla en práctica.

En entrevistas radiales y televisivas, como en artículos de opinión, estos candidatos, muchos de ellos rostros nuevos en las filas partidarias aunque de señales conocidas, han comenzado a vender a la población la idea de que son expresión de un renovado interés de la sociedad civil por empoderarse y que para ello están dispuestos a romper con lo que definen como “la política tradicional”.

Se venden como candidatos representantes de la sociedad civil, pero que no abandonan el ropaje y la cobertura partidaria.

En el fondo se trata de un fortalecimiento del ala oligárquica de la derecha partidaria en el país, dotada de una careta en apariencia diferente por la supuesta renovación que representa.

Quien mejor expresa este concepto es un candidato de ARENA que se presenta como el impulsor de un movimiento de sanación de la política conocido como “unpolíticomenos”.

Por supuesto que por considerarse un anti-político no deja de ser candidato partidario o no deja de pensar como lo ha venido haciendo hasta ahora, muy plegado a la política partidaria de ARENA, incluso defendiéndola como el que más.

En términos generales, en su planteamiento se advierten varios ejes programáticos:

  1. Los políticos provocan rechazo en la población porque son corruptos y carecen de espíritu de servicio;
  2. Los diputados, entre los políticos, son los más desprestigiados porque cada día se desacreditan con sus acciones;
  3. La Asamblea Legislativa está urgida de renovación y de nuevos y mejores liderazgos;
  4. La República esta en un grave riesgo porque el FMLN y sus aliados buscan el poder total y amenazan el Estado de Derecho y la independencia de Poderes; y
  5. ARENA es el partido que ha comenzado a dar muestras de regeneración y democracia interna, y por esa razón abraza la bandera de este instituto político.

De todos los argumentos expresados por “unpolíticomenos”, los dos últimos, que tienen que ver con el FMLN y ARENA, son los que revelan las verdaderas intenciones del movimiento.

Vamos a ver. Es cierto que la clase política salvadoreña, como la de muchos otros países, enfrenta una crisis de confianza y credibilidad, justamente por no responder con sus promesas de campaña y luego con sus acciones una vez en el poder, a las aspiraciones más sentidas por la población.

Pero esta crisis no se da por el hecho de dedicarse a la actividad política como tal, sino por la forma cómo se ha venido ejerciendo la función pública en el país, una vez el candidato es elegido y llevado por el voto ciudadano o por designación de la Asamblea Legislativa al poder del Estado.

La crisis de la política tradicional comienza cuando el Estado deja de ser expresión y representación de los intereses de la sociedad, para convertirse en un instrumento de dominación de un grupo oligárquico que lo utiliza para beneficio propio.

En nuestro país el que está desprestigiado no es el Estado en tanto expresión organizada de los intereses ciudadanos, sino el llamado Estado Corporativo.

Se da un Estado Corporativo cuando las instituciones acaban siendo presas de intereses de grupos de poder y desnaturalizan su razón de ser, en la medida que responden a los intereses de estos grupos y no a los de la sociedad entera.

La actividad política que ya no genera confianza en la población no es entonces la actividad partidaria en general, sino aquella que se basa en una concepción patrimonialista de la cosa pública.

Lo que los ciudadanos rechazan es el uso del aparato de Estado para beneficio de unos cuantos y desprecian las prácticas estatales, exhibidas a lo largo de las últimas décadas, que demuestran poca o ninguna efectividad para resolver los problemas que aquejan a la población y que no logran satisfacer sus necesidades más sentidas.

Me parece una ingenuidad pretender o hacer creer que se dignifica la Asamblea Legislativa desde una candidatura partidaria, por muy ciudadana que se presente, siendo que el Partido Político que la respalda, en este caso ARENA, es el que ha servido de instrumento para la apropiación de la función pública por parte de los grupos de poder económico en nuestro país a lo largo de varios de sus gobiernos.

No hay tampoco hasta el momento ninguna señal de modernización y menos de democratización en el partido ARENA, siendo que sus decisiones internas y mecanismos deliberativos continúan atados a los intereses económicos y políticos de unos cuantos grupos empresariales que financian su actividad y la de sus candidatos.

El ejemplo más visible de esto es la designación de Edwin Zamora como candidato relevo de Norma Quijano, quién fue impunemente despojado de su aspiración a una reelección, después que supuestas elecciones primarias lo habían confirmado en el cargo.

Es cierto que la Asamblea Legislativa requiere de una renovación urgente de sus liderazgos, pero no es menos cierto que mientras esa renovación no se de en el seno mismo de los partidos políticos, cualquier ofrecimiento que se haga en ese sentido no pasará de ser una formulario de buenas intenciones.

O peor aún, bajo el ropaje de ciudadano independiente, enarbolando la bandera de la actividad empresarial o la del servicio social, es fácil colar una defensa asolapada de intereses económicos que no son necesariamente los que la sociedad demanda.

Así vemos candidatos que se presentan como empresarios jóvenes, con alguna trayectoria de pertenencia a organizaciones dedicadas al servicio social, pero apadrinados por claros intereses económicos, sean estos azucareros, del sector de construcción, de bienes raíces, energéticos, comerciales, del área de logística, etc.
En estos casos, la mera trayectoria personal no puede ser garantía de que “unciudadanomás” que sustituya a “unpolíticomenos” será muestra de renovación legislativa.

En la mercadotecnia electoral se vale de todo. Y con tal de ganar un chance en la Asamblea Legislativa se recurrirá a cualquier envoltorio para maquillar y volver atractivo el producto que se está promocionando y vendiendo.

Si la intención fuera dignificar la política y hacer de ésta una actividad basada en el servicio público, lo primero que habría que procurar es una renovación de verdad de los liderazgos partidarios y un relevo generacional, en el que no sea el ingrediente de la edad el único a promover. Pero eso no lo vemos y quizás, no le veremos nunca.

Un elemento más a considerar en esta reflexión: ¿y qué pasa con el financiamiento de la campaña electoral de estos candidatos ciudadanos, pero que van cobijados por la bandera de un partido político?

Es posible desprenderse del ideario político del partido que lo lleva en su planilla y de los intereses económicos de los financistas de campaña por el simple hecho de enarbolar el deseo de la sociedad civil de empoderarse?

Publicar páginas enteras en los periódicos, cuñas en la radio, spots en televisión y vallas publicitarias por todo el departamento requiere de una gestión de recursos importante que, hoy por hoy, o proviene de los partidos políticos con el anticipo de la deuda electoral o de patrocinadores privados, a quiénes les resulta más fácil “pagar el mariachi y pedir la canción” cuando se trata de ciudadanos individuales que cuando se trata de estructuras partidarias.

La derecha oligárquica y el COENA quieren asegurarse con lo anterior la fidelidad que venga y rompa con el “disentir arenero”. Disentir que no es tolerado y que en el pasado ha significado el éxodo de muchos tricolores hacia otras formas de pensamiento partidario.

No está lejos aquella reflexión de un conocido dirigente Arenero que sostuvo que en esta elección “vale màs una onza de lealtad que una tonelada de inteligencia”

Cuando se asegura con mucha ligereza que “la República está en riesgo” y que “el país está en riesgo” por un “FMLN y sus aliados que amenazan los pesos y contrapesos necesarios de la democracia, amenazan el Estado de Derecho, amenazan las libertades, amenazan la independencia de poderes” no puedo dejar de pensar que son las mismas motivaciones, pero ahora con un disfraz más sofisticado, que el que manejó a lo largo de la pasada campaña presidencial el partido ARENA y que buscaba la recuperación del Estado para el sistema oligárquico que lo había perdido en el 2009, empleando para ello el slogan: “Recuperemos El Salvador”.

Durante la campaña del 2009 estos mismo dijeron que en mi gobierno les quitaríamos una gallina a los que tenían dos y el pueblo es mi mayor testigo que lejos de eso, se les brindaron programas sociales a las grandes mayorías. Además que se protegió la propiedad privada al entregar más títulos de propiedad por el ISTA que en los 20 años anteriores.

Lo mismo hicieron con el presidente Sánchez Cerén y a casi seis meses de su gestión, nada de lo que enarbolan como amenaza ha pasado o pasará. Pero no está demás que desde mi actual faceta ponga las alertas debidas para que no se dejen embaucar.

Estas estrategias electorales no dejan de ser más de lo mismo. “Recuperemos El Salvador” en el 2014, “unpoliticomenos” en el 2015, porque “el país está en riesgo”.

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