Programa 28 – Editorial | Mauricio Funes Sin Censura

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Editorial Sin Censura

Programa 28 – Editorial

Esta semana la abrimos con el primer aniversario del gobierno del presidente Sánchez Cerén.

Los medios de comunicación han dedicado sus programas de entrevistas y sus páginas informativas y columnas de opinión a analizar el rumbo del país y la percepción que tiene la ciudadanía del desempeño del gobierno.

Sobre el desempeño gubernamental se han dicho varias cosas y se han pronunciado varios sectores.

Primero la oposición, sobre todo de ARENA, ha señalado que el país va por el rumbo equivocado y que el gobierno no tiene ningún avance o logro que exhibir.

En una conferencia de prensa convocada poco después que el presidente Sánchez Cerén rindiera su informe de labores ante la Asamblea Legislativa, los diputados y la dirigencia de ARENA calificaron de vergüenza nacional el informe presidencial y se dedicaron a poner en duda cada uno de los avances que el mandatario expuso ante el pleno.

En el mismo sentido, la ANEP dijo que la actividad económica del país no ha crecido, que no se han generado empleos, que las empresas siguen enfrentando dificultades para mejorar su desempeño y que el gobierno hace muy poco en el terreno de la seguridad ciudadana.

No cabe duda que tanto ARENA como ANEP y en alguna medida tanques de pensamiento como FUSADES y FUNDE, continúan jugando el rol de agoreros de la desesperanza, como los calificó el presidente Sánchez Cerén casi al inicio de su gobierno.

La semana pasada, durante el programa anterior, señale con datos algunos de los avances que se han registrado durante este primer año de labores en el ejecutivo, así como también los principales retos y desafíos que aún debe enfrentar el gobierno en lo que resta de su mandato.

La verdad que no vivimos en el mejor de los mundos y nuestro país aún tiene rezagos importantes que superar así como problemas complejos que resolver.

A nivel de la economía, el país mantiene una tasa de crecimiento bajo, en comparación con otros países de la región y en relación al dinamismo que se requiere para superar la pobreza, generar más empleos y mejorar la calidad de vida de la población.
Sin embargo, y esto no se puede pasar por alto, el país continua creciendo, hay más empresas que antes y nuevos empleos, estables y mejor remunerados.

No nos hemos estancado, como irresponsablemente sostienen algunos de estos agoreros, y cada día se abren nuevas oportunidades de desarrollo y crecimiento.

Hace 6 años, cuando recibimos el gobierno, el país no crecía, por el contrario, la actividad económica había caído, había descendido.

Un entorno internacional muy desfavorable, con la crisis económica mundial, había impactado en el país en forma negativa, provocando el cierre de decenas de empresas y la pérdida de unos 40 mil empleos.

Las exportaciones tradicionales, sobre todo a Estados Unidos, habían descendido y las remesas familiares también habían caído en más del diez por ciento.

El panorama era poco esperanzador. No teníamos ningún motor de crecimiento al cual apostarle.

Han pasado seis años desde entonces y ahora la economía se ha recuperado.

Según estimaciones de organismos internacionales, el país creció 2 % y se espera que al final de este año crezca un 2,5 por ciento.

Lo ideal sería crecer más, como lo están haciendo otros países de Centroamérica, pero para ello se requiere una inversión privada, tanto nacional como extranjera, mayor a la que se ha captado a la fecha.

Mientras la inversión privada sea baja, como lo ha sido en los últimos 30 años, el crecimiento de la economía se mantendrá también bajo.

Por eso la apuesta al desarrollo de la zona costera-marina como la concesión del puerto de La Unión o la ampliación y modernización del aeropuerto internacional Monseñor Romero y el desarrollo de nuevos proyectos energéticos, se vuelven estratégicos para dinamizar aún más nuestra economía.

El Presidente en su informe de labores dio a conocer que han ingresado nueve empresas extranjeras y cerca de 22 más han ampliado sus operaciones en el país.

Cuando ANEP sostiene que el país no crece y que nuestra economía se ha estancado pasa por alto que sólo en este año se han generado 12 mil nuevos empleos en el sector formal de la economía. Empleos que no son plazas creadas en el gobierno y que por tanto solo pueden ser resultado de nuevos emprendimientos o del crecimiento de empresas ya existentes.

De igual manera la inversión pública continua aumentando. Se han construido o se han mejorado 49 kilómetros de nuevos caminos y carreteras. El SITRAMSS ya está en funcionamiento y se han proyectado nuevos bypass, como el de San Miguel y dos nuevos pasos a desnivel, como los que se construirán en el redondel Naciones Unidas y en la plaza Masferrer.

Cada uno de estos proyectos representa generación de más empleos y más ingresos, sin dejar de mencionar las actividades que se ven estimuladas con estas construcciones, algunas de gran envergadura.

En lo personal no estoy de acuerdo con quiénes destacan más los errores y deficiencias en el funcionamiento del Ejecutivo que los resultados positivos y el rumbo que se va construyendo.

Tampoco estoy de acuerdo con quiénes insisten desde hace 6 años que el país no tiene rumbo o que va por el rumbo equivocado.

El país tiene un rumbo claro que se le imprimió con el primer gobierno del cambio.

El rumbo es el crecimiento económico y el desarrollo social, que pasan por una reorientación del Estado y por la eliminación gradual y progresiva de la pobreza y las desigualdades.

No se trata únicamente de crecer y no corregir las graves desigualdades aún existentes en el país.

En décadas anteriores El Salvador creció a tasas más elevadas pero la pobreza en lugar de descender se profundizó y aumentaron los desequilibrios económicos y sociales.

Hubo crecimiento económico pero al mismo tiempo una mayor concentración de la riqueza en cada vez menos familias acaudaladas.

El Estado fue desmantelado y lo poco que quedó de él se puso al servicio de los intereses de unos cuantos grupos de poder económico, que eran los únicos que veían crecer sus ganancias.

A ese propósito contribuyeron las privatizaciones: de la banca, de las telecomunicaciones, de las pensiones, de la distribución eléctrica y de algunas fuentes de generación de energía como las centrales térmicas y La GEO.

Estoy de acuerdo en que para modernizar la economía había que privatizar algunos bienes y servicios en manos del gobierno. El problema fue la forma cómo se llevaron a cabo estas privatizaciones y a qué grupos de poder favorecieron.

Si a esto agregamos una estructura tributaria regresiva, que ha venido cargando el peso de los impuestos en los asalariados y en los de menor ingreso, así como algunos sonados casos de corrupción que desviaron recursos que estaban destinados a atender las necesidades de los más pobres a bolsillos privados, era de esperar que el Estado acabaría debilitado sobre todo en su capacidad para corregir las desigualdades sociales.

Eso fue justamente lo que se ha comenzado a corregir en el 2009 y lo que ha permitido reducir la pobreza y las desigualdades sociales.

A eso se refería el Presidente Sánchez Cerén cuando en su discurso del 1 de junio evidenciaba que en los últimos 6 años ha descendido la línea de pobreza mucho más que en décadas anteriores y que , después de Uruguay somos en América Latina el país con menor desigualdad.

Esto ha sido posible debido al impacto positivo de los programas sociales y los subsidios gubernamentales.

Los paquetes escolares, los paquetes agrícolas, la pensión básica para adultos mayores, un mayor acceso al crédito para la pequeña y mediana empresa, centros de atención como CIUDAD MUJER, las ayudas estatales como el subsidio al gas, al agua, a la energía y al transporte, han mejorado la calidad de vida de miles y miles de salvadoreños y salvadoreños, han aliviado la carga económica de decenas de miles de familias pobres y han reducido las desigualdades sociales.

Cuál es entonces el rumbo que lleva nuestro país y la dirección que lleva nuestra economía?

Vamos camino a crecer más y a convertirnos en una economía más moderna y competitiva. Vamos además camino a reducir los niveles de pobreza y convertirnos en el país con menor desigualdad económica y social.

Vamos camino a desmontar el sistema oligárquico que concentra la riqueza en pocas manos y genera más pobreza y exclusión.

Vamos camino a una redistribución de la renta nacional a través de una estructura tributaria menos regresiva, de tal forma que paguen más los que tienen más, y que el Estado asuma su rol social.

Ese es en mi opinión el debate que debemos estimular: al servicio de quién o de quiénes debe ponerse el Estado?

Los programas sociales deben mantenerse, deben ampliarse?

El Estado Salvadoreño debe convertirse en un Estado Social que impulse políticas que reduzcan las desigualdades o debe volver a su rol de décadas atrás en las que facilitó una mayor concentración de la riqueza y el fortalecimiento de unas pocas elites de poder económico?

Los agoreros de la desesperanza y el pesimismo, los que al igual que ARENA y ANEP insisten que el país no tiene rumbo o va por la dirección equivocada son los que desean recuperar sus antiguos privilegios y que el país crezca pero sólo para beneficio de unos cuantos.

Los que por el contrario creemos que el país tiene un rumbo claro y que somos optimistas con el futuro y abogamos, además, por una ampliación y fortalecimiento del rol social del Estado, somos de la opinión que hay que seguir trabajando por desmontar el sistema oligárquico y construir una economía más solidaria, con mas empleo y con una más justa distribución de la riqueza.

Y eso es justamente lo que se ha hecho en este primer año de gobierno del Presidente Sánchez Cerén.

Eso es lo que los medios de comunicación no destacan en sus evaluaciones y balances del ejercicio gubernamental.

Por supuesto que falta aún mucho por hacer, los desafíos son grandes y complejos, pero se sigue avanzando.

Si usted que me escucha o me ve esta tarde es alguien que ha perdido su empleo, o lleva años queriendo lograr uno; o bien, es propietario de un negocio que ha tenido pérdidas, porque vende menos que antes o está siento afectado por la renta que cobran las pandillas; probablemente no estará de acuerdo conmigo en que la situación en el país ha mejorado, quizás no lo suficiente, pero ha mejorado y puede mejorar aún más…

Pero si entre los que me escuchan en este programa, hay padres de familia que sus hijos reciben el paquete escolar gratuito que entrega el Ministerio de Educación, y eso les permite aliviar un poco la carga económica de su grupo familiar en el año; o bien, recibe la asistencia gratuita de parte del gobierno para cultivar la tierra y aumentar la productividad de su terrenito con los paquetes de semilla y abono que entrega el Ministerio de Agricultura y Ganadería; o compra el tambo de gas de 25 libras a precio subsidiado y paga menos por el recibo de energía eléctrica y agua porque también es beneficiado con el subsidio a la luz y al agua servida; o ha podido ampliar su negocio, porque es uno de los favorecidos con la facilitación del crédito por parte de la banca estatal; o le vende al gobierno la tela para los uniformes o confecciona el calzado que se entrega gratuitamente en las escuelas; es muy probable entonces que su visión del país y de las posibilidades para salir adelante sea diferente de aquel que no tiene empleo o vive en un barrio amenazado por las pandillas y debe pagar una renta para que no lo molesten o garantizar el respeto a su vida.

Los programas sociales son los que han permitido reducir las desigualdades y por eso es que como país no nos podemos dar el lujo de reducirlos bajo el concepto equivocado que son expresión de asistencialismo y populismo.

Debemos exigir del gobierno el mantenimiento de estos programas y una más clara y coherente política redistributiva del ingreso.

Estoy convencido que no se puede reducir la pobreza en el mediano y largo plazo si el país no crece a tasas mayores que las actuales, y que por tanto, debe haber más inversión privada, más empresas, más empleo y mejores salarios.

Pero mientras haya sectores y grupos poblaciones vulnerables, que padecen la desigualdad, el bastón social del gobierno para caminar será necesario.

Cuando llegamos al gobierno hace seis años nos encontramos con que la vulnerabilidad de amplios sectores de la población era tal que sin las ayudas estatales, estos grupos poblacionales no saldrían adelante.

Por eso diseñamos un Sistema de Protección Social que permitiera corregir estas desigualdades.

Ese Sistema está constituído en lo fundamental por los subsidios y los programas sociales.

A ese sistema contribuye la reforma del sector salud y de la educación y debe contribuir la necesaria reforma del sistema de pensiones, de modo de garantizar pensiones justas y permanentes.

Estos son desafíos que este gobierno tiene pendientes y que al enfrentarlos adecuadamente mejorará la calidad de vida de los salvadoreños.

Eso es lo que los ciudadanos debemos exigir que se cumpla en este segundo año de gobierno que inicia…

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